Nada me detiene de tu perfume de mujer,
De las marcas que dejaron tus lágrimas
Ni del eco de tu risa
Nada me detiene de tus brazos de madre
Ni de tus ojos de mar profundo.
No me detiene el sol
Ni la lluvia.
Aquello que siempre ha sido
No tiene final.
Por eso te digo al oído que
No pretendo la gloria
Sino una vida llena de gracia
